Acerca de

Terapia de familia

Hay bastantes motivos para acudir a ver a un psicólogo.

Hemos recopilado los motivos de consulta más frecuentes para que la información sea más accesible a nuestros visitantes:

Tristeza y depresión

La depresión consiste en un cambio en el estado de ánimo de manera transitoria o permanente, que va acompañado de una fuerte sensación de tristeza e infelicidad. Produce un gran impacto tanto en quien la padece como en su entorno familiar, de pareja o laboral.

Puede ir acompañada de una gran variedad de síntomas, tales como falta de energía, miedo, sentimientos de culpa, llanto, falta de autoestima, negatividad, etc.

En el tratamiento de la depresión es muy importante ver las causas que la producen, que pueden ser muy variadas, a veces conocidas (ruptura de pareja, muerte de un ser querido, situación de desempleo,…) y en otras existen factores inconscientes, fisiológicos o de otra índole que hay que averiguar.

Existen además depresiones de muchos tipos. Hay quienes arrastran la depresión durante toda la vida y la convierten en una característica adicional de su personalidad. Nosotros creemos que en la gran mayoría de los casos es algo que se puede superar y quedar atrás en nuestra vida.

Tristeza y depresión en mayores

La depresión en las personas mayores siempre requiere atención especializada, no debe considerarse un trastorno propio de la edad.

Conlleva además de un ánimo triste, alteraciones en la actividad, pérdida de interés por el entorno físico y relacional, falta de ilusión y se acompaña de muchos síntomas físicos, afectando en la vida de la persona mayor y provocando mucho sufrimiento.

En los mayores, es frecuente que la expresión de emociones y sentimientos esté más contenida y no se expresen la tristeza de forma tan clara como en otras edades, mostrándose a veces a través de quejas físicas relacionadas con el cuerpo o la enfermedad; falta de energía, fatiga, dolor, abatimiento…La atención y la concentración suelen encontrarse disminuidas.

Es importante que su entorno preste atención a su aspecto, expresión, cambios en el ritmo del sueño, en el apetito, y a su capacidad o incapacidad para disfrutar de las cosas y de las personas que antes le gustaban. También es importante atender al deterioro funcional, ya que es un factor de riesgo asociado a la depresión y al aislamiento en las personas mayores.

Humanizar el parto

Para cambiar el mundo, es preciso cambiar la manera de nacer. (Michel Odent)

En estas semanas se han producido, en distintos puntos de nuestra geografía, algunos partos en plena calle, en un portal, en el coche o camino del hospital. En todos los casos han sido asistidos por quien estaba a mano: el padre, dos adolescentes que pasaban por allí o la hermana de la madre, sin ningún tipo de problema.

El parto es un proceso fisiológico, y como tal, no necesita de ninguna intervención externa para cumplir sus funciones de manera adecuada. Pero su interrupción, como ocurre en todo proceso fisiológico (circulación sanguínea, respiración o digestión), supone un riesgo para la salud y la vida de la persona. Tampoco la concepción, el embarazo ni la lactancia materna, en principio, tienen porqué necesitar ninguna asistencia artificial. Es en los llamados países desarrollados donde se presentan mayores tasas de infertilidad, donde las mujeres muestran más dificultades al dar de mamar a sus hijos, o donde la necesidad de asistencia en el embarazo y parto ha llegado a parecer imprescindible. Pero en algún momento debimos de tomar el camino equivocado porque, tal y como demuestran siglos de supervivencia y evolución de la especie, la mujer y el bebé están biológicamente diseñados para desarrollar y completar dichos procesos de manera natural.

El trabajo del parto se inicia, naturalmente, cuando el bebé ha llegado a término y está preparado para nacer, o cuando, por algún problema, tiene dificultad para seguir ahí. En todo caso, es el bebé, en principio, quien determina el inicio del proceso. Durante las contracciones, la falta de oxígeno y espacio le lleva a buscar la manera de salir, promoviendo la dilatación y su empuje hacia el exterior. A la madre le corresponde entregarse al proceso: cuando está más relajada y con sus músculos distendidos, facilita el parto. Si se tensa y se cierra, está haciendo más daño a su hij@ y a ella misma, y va a necesitar más contracciones y más tiempo para que nazca el bebé. Para ello es importante que los miedos, naturales en cualquier mujer, se transformen en atención dirigida a sus propias sensaciones y en confianza en el proceso para colaborar con la criatura. La madre necesita para ello un espacio seguro e íntimo (como cualquier otra hembra) pero además, en el caso de la madre humana, es muy importante la presencia de alguien con experiencia, que dentro de esa intimidad, transmita afecto y seguridad. Alguien que le ayude a conectar con su fuerza, con la parte animal que se desencadena en todo parto. Y para que este apoyo realmente lo sea, debe ser cuidadosamente elegido, como veremos más adelante.

Este clima de seguridad necesario incluye dos condiciones básicas: la primera, como dijimos, que el proceso no sea interrumpido, que sea respetado el tiempo necesario que puede oscilar entre 2 y 48 horas; la segunda, permitir que la mamá vaya eligiendo las posturas más cómodas que su cuerpo y el de la criatura van encontrando para que el parto avance por el camino más fácil. La cabeza el bebé y el canal del parto están diseñados de manera inteligente para ir adaptándose mutuamente durante el proceso; Posturas habituales durante un parto son estar de pié, en cuclillas, sentada con las piernas abiertas, caminar, apoyar la parte superior del cuerpo sobre algo mientras se deja la pelvis colgando, entrar en una piscinita de agua caliente, si tiene esa opción, etc. Es muy improbable que una madre, con libertad de movimientos, elija tumbarse sobre la espalda en una fase avanzada del parto. Es lógico: al mantener la pelvis vertical, la gravedad y el peso de la criatura sobre el cuello del útero, hacen que éste se acorte y se ensanche, facilitando y disminuyendo el tiempo de dilatación.

Los protocolos actuales a que son sometidos los partos desde su inicio hasta su conclusión, en la mayoría de los hospitales españoles, se realizan en contra de estas necesidades naturales a las que según la ley, toda mujer tiene derecho. Desde el momento del ingreso, ella se ve obligada a estar tumbada con lo que su dilatación y expulsivo se dificultan hasta hacerse prácticamente imposibles. Tampoco se respeta el tiempo que requiere el proceso. De hecho cada vez más se programan los partos antes de tiempo, y/o induciendo y acelerando el proceso con oxitocina sintética, rompiendo la bolsa cuando no ha llegado el momento, etc. De modo que el comienzo y desarrollo de todo el trabajo transcurre de manera forzada y extremadamente dificultosa. Convirtiendo en necesarias todo tipo de intervenciones ayudas que no sólo son innecesarias sino peligrosas.

Un ejemplo es el uso de oxitocina sintética que, para empezar multiplica por cuatro el dolor* y acelera el ritmo de las contracciones hasta no dejar que la mujer y el bebe descansen entre ellas. Ello aumenta el sufrimiento materno-fetal. Para prevenir o paliar éste, a la madre le ponen la epidural y el bebé es sometido a una monitorización, casi siempre interna, en la que se clava una especie de tornillito* en la cabeza del bebé, para que la matrona pueda controlar el sufrimiento fetal (muy fácil de provocar con estas prácticas) en 14 o15 partos a la vez*, dejando a la madre definitivamente postrada en la cama para que el tornillito (que sujeta el llamado monitor interno) no se salga. La OMS define esta práctica como agresiva y arriesgada*. Semejante cóctel llamado parto inducido, o cómo se dice ahora parto medicalizado dirigido, consiste básicamente en: ser programado cuando no se ha iniciado de manera natural, con la mamá y el bebé tumbados, sin descanso entre contracciones y con sufrimiento de la madre que acaba desesperada pidiendo la epidural. Con la anestesia quedará ya casi del todo desconectada de un proceso que sólo puede evolucionar cuando mamá y bebé colaboran activamente y en equipo. Además, el incremento de sufrimiento fetal debido a la oxitocina, hacen que el bebé tenga que ser sacado, casi siempre, de manera violenta del cuerpo de su madre. Por eso actualmente estos partos inducidos acaban prácticamente siempre en episiotomía y forceps y el 60% de ellos, en cesárea*.

Estas prácticas son innecesarias, de no haber organizado todo ese protocolo imposible, peligroso y cruel. En esas condiciones se puede considerar como un gesto de compasión el uso de la epidural.Y al final las mujeres se sienten agradecidas al equipo médico. Pero entonces, si parir tumbada era casi imposible, con la anestesia ya es un milagro. Por eso los partos acaban en nuestros hospitales casi siempre de esa manera. Pero, desgraciadamente, no acaba ahí: todavía se están estudiando los efectos que esta forma de nacer tiene sobre el vínculo materno-filial; pero cualquier madre que ha pasado por la experiencia, sabe que los días siguientes a un parto así son duros por la herida física y emocional infringida; y ello dificulta disfrutar de la experiencia maternal en su inicio. Las consecuencias para el bebé, son difíciles de valorar.

La mayoría de las madres paren actualmente de esta manera, y creen que ha sido un buen parto porque ambos han sobrevivido. Sólo cuando pueden comparar con otra experiencia –un parto natural y amoroso– se dan cuenta de que les han robado el parto (por usar sus propias palabras), de que todo ha sido una experiencia de maltrato para ambos. Estas madres que pueden comparar, distintas formas de parir, explican entonces que estos hij@s y el vínculo con ellos es muy diferente cuando su relación no comenzó de manera violenta (para más información www.elpartoesnuestro.es).

La OMS da unas recomendaciones y advertencias a las que cada vez más madres y profesionales de la obstetricia nos acogemos (y nos lo ponen difícil), y no por un capricho, sino por un derecho legal que nos asiste y porque nuestra responsabilidad como padres y profesionales es asegurar las mejores condiciones para que el nacimiento de las criaturas se produzca sin violencia gratuita, con respeto, con dignidad, con la paciencia y el cariño que una madre y un recién nacido necesitan y al que tienen derecho. A continuación recogemos algunas de ellas (puede ampliarse la información en la Plataforma Proderechos del Nacimiento):

  • La OMS* recomienda que la embarazada no sea colocada en litotomía dorsal (tumbada boca arriba) durante la dilatación y expulsivo sino que pueda elegir libremente qué posición tomar.

  • Evitar durante el expulsivo la rutina analgésica, salvo para prevenir o corregir alguna complicación. (Cuando se respeta el tiempo necesario de dilatación, se facilita la producción de endorfinas, droga natural analgésica que la naturaleza proporciona a las mujeres para disminuir el dolor mientras sigue colaborando activamente en el proceso).

  • Se advierte sobre la necesidad de proteger el perineo, no estando justificado el uso sistemático de episiotomía. (En nuestro país es práctica rutinaria). Según José Villar (OMS, Salud Perinatal)* la episiotomía, no sólo no cumple el objetivo de evitar desgarros, sino que aumenta dicho efecto.

  • La inducción del parto debe reservarse para indicaciones médicas específicas y ninguna región, debería tener más del 10% *.

  • No se recomienda la rotura precoz de la bolsa como procedimiento de rutina. No está indicado rasurar el vello púbico ni la administración de enemas antes del parto.

  • Según la OMS, los países con menor índice de muerte perinatal, tienen menos de 10% de cesáreas, no pudiendo justificarse que ninguno tenga más del 10-15%. En nuestro país, según distintas fuentes, la tasa está entre el 20-30%, practicándose el doble de ellas en clínicas privadas que en hospitales públicos. Parece que la tendencia va en aumento, por el temor a demandas judiciales.

  • Así mismo la OMS advierte sobre el peligro de infecciones que comportan los tactos del cuello del útero practicados durante la dilatación, por lo que debe hacerse sólo cuando es imprescindible y con mucho cuidado porque, además, es muy doloroso (en determinados hospitales –los universitarios–, los médicos en prácticas pueden hacer hasta 7/8*a una mujer durante su dilatación para aprender).

  • El inicio de la lactancia materna se recomienda antes de abandonar la sala de partos.

El protocolo al que se somete al recién nacido, es otro capítulo difícil del que nos ocuparemos en otro momento: un mal-trato que puede evitarse siguiendo igualmente las indicaciones de la OMS, tal y como se hace ya en algunos hospitales del mundo y también en España: en los llamados Hospital amigo de los niños (www.iahn.org.es).

Resumiendo: humanizar y facilitar el proceso de parto es permitir que se inicie en su momento y se respete su tiempo, que la madre tenga libertad de movimientos y pueda comer y beber algo que le apetezca para mantenerse hidratada y reponer fuerzas. De esta manera, la vía que se coge a la mujer al ingresar en el hospital como si estuviese enferma, no es necesaria y si lo fuera, se cogería entonces. No se debe hacer ninguna intervención externa si no es realmente necesaria, explicando siempre qué y para qué, respondiendo las dudas de los padres y respetando sus deseos. Todo ello en un escenario cómodo y cálido para que la madre se sienta más relajada; y acompañada por su pareja (si es su deseo y si es posible), y por profesionales de confianza, elegidos con tiempo y cuidado.

¿A qué nos referimos cuando decimos profesional de confianza? En primer lugar, a una matrona con experiencia en asistencia a parto natural. Porque no tiene nada que ver lo que hay que saber para acompañar un parto natural, con lo que hay que saber para intervenir en una mujer haciendo episiotomías, forceps, cesáreas, etc. Esto es especialidad del tocólogo y deberían ser siempre prácticas excepcionales y muy justificadas: conozco matronas y médicos que atienden con facilidad partos vaginales sin episiotomías a bebés grandes, con presentación de nalgas, con vueltas de cordón, etc. Con la única ayuda de su conocimiento y experiencia en la fisiología del parto. Pero hay que saber mucho para saber que no hay que hacer casi nada.

Cada vez somos más las personas que estamos trabajando en esta dirección porque sabemos que es el camino para conseguir que nuestr@s hij@s puedan venir al mundo ayudados por los profesionales y no atropellados por ellos. Cada vez son más los médicos y matronas que se avergüenzan de estas prácticas porque reconocen que obedecen a intereses ajenos al nacimiento: a su comodidad –por eso parir tumbada–, a irse antes a casa porque saben a qué hora termina el parto -por eso la programación y la oxitocina, que es además otro supernegocio para los laboratorios –a su economía, porque en medicina privada se gana mucho más por una cesárea, al temor a las denuncias, etc. Todos, intereses ajenos a la calidad del proceso.

Actualmente, los profesionales que se forman en parto natural, lo hacen de manera prácticamente marginal. Así pueden aprender, por ejemplo, que un posible desgarro de periné se ve venir y hay tiempo de intervenir entonces; y saben que en todo caso cicatriza mejor que una episiotomía. De ningún modo puede considerarse una medida preventiva el hecho de causar un daño seguro para evitar algo muy improbable y menos dañino. La verdadera prevención consiste preparar el suelo pélvico al final del embarazo y en dar tiempo y facilidad a la madre para colocarse en posturas favorables para que el músculo no sea forzado más allá de su límite.

El nacimiento, siempre fue considerado como un acontecimiento sagrado. Por eso, la madre y el bebé no pueden ser tratados como objetos sometidos por sistema a protocolos médicos, a rutinas que contrarían y maltratan su sensibilidad y necesidades. Porque son seres humanos dignos de respeto y apoyo y porque son los protagonistas de un milagro, de un acontecimiento extraordinario: el inicio de una vida.

Las doulas

En una tradición ancestral, que se remonta siglos atrás y que casi desapareció con los partos hospitalarios, las mujeres siempre han sido acompañadas en sus partos por otras mujeres. En la Grecia clásica, se llamaba doula a una mujer de confianza que ayudaba a otra a parir. Actualmente, es un@ profesional, casi siempre mujer, que en USA y otros países forma parte del equipo de nacimiento, tanto en el hospital como en la casa de partos o en el propio domicilio familiar (en países como Holanda, actualmente, la mitad de los partos se hacen en casa). Acompaña a la mujer, y a su pareja si está, dando apoyo físico y emocional. Esta figura actualmente, se está institucionalizando para cubrir una necesidad: el miedo, la inseguridad y el sentimiento de soledad con que viven las mujeres sus partos en los hospitales. En todo embarazo, parto y postparto, es una ayuda inestimable.

La doula es, sobre todo, una presencia tranquilizadora: una mujer con experiencia que transmite confianza, afecto y fuerza, porque sabe que la mamá y el bebé son capaces, y lo transmite con cariño y en silencio. La doula, conocedora en profundidad del proceso del parto, puede, según las necesidades de la madre, que van variando, darle un masaje, acompañarla en las respiraciones, acunarla, limpiarle el sudor, preparar una infusión, dar instrucciones al padre de cómo acompañar, o de darse un paseo si está transmitiendo ansiedad a la mamá, etc. Mucho tiempo callada, quieta y atenta (algunas hacen ganchillo o escriben mientras acompañan), siempre sin interferir, sin interrumpir y muy consciente de lo que ocurre.

Su acompañamiento continúa hasta que se inicia la lactancia en el mismo lugar en que nace el bebe, y en los días siguientes dará continuidad al proceso en que se construye el vínculo materno-filial, siempre apoyando el deseo de los papas y las necesidades del bebé. Existen muchos estudios, publicados fuera de nuestro país, sobre los efectos positivos de la doula en el embarazo, parto y postparto. (Se puede ampliar esta información en www.doulas.es.)

¿Traen los niños instrucciones cuándo nacen?

Los padres comentan a veces cuando se estrenan que no traen instrucciones.Y la inseguridad natural que sienten de no saber cómo actuar les lleva a preguntar y aceptar muchas veces cualquier consejo. Las instrucciones para atender al bebé se han aprendido siempre, en todas las culturas, observando y practicando con las mujeres cercanas.

Algunas personas que trabajamos en todo lo que rodea al inicio de la maternidad, observamos con preocupación un hecho social nuevo: somos en España la primera generación de mujeres que aprendemos a ser madres prácticamente solas, sin otras madres al lado especialmente en las grandes ciudades. Esto está generando mucha inseguridad, síntomas depresivos y estrés, especialmente en las mamás que lo son por primera vez, con múltiples efectos en la salud psicoemocional de toda la familia. Por eso llegan a las primeras consultas del pediatra con listas de dudas sobre lactancia y otros temas. Pero normalmente los pediatras, como reconocen ellos mismos, no tienen una preparación específica para asesorar en la mayoría de estos temas, salvo que lo hayan estudiado por su cuenta o que sean madres con experiencia. Temas como el llanto, el sueño del bebe o cogerle o no cogerle, no deben ser delegados en el pedíatra. Como cualquier médico, está para atender la salud, o más bien la enfermedad, y no las múltiples dudas, naturales de los padres, que son en el fondo de índole afectiva: de cómo tratar a ese nuevo y frágil ser. El pediatra como persona, como padre o madre, tendrá su propio criterio y experiencia (o falta de ella), pero a título personal. Del mismo modo, los padres, fuera de obediencias ciegas a expertos que a veces van contra su propia intuición, pueden ir construyendo por sí mismos sus propios criterios con cada hij@, que es diferente.

Por eso, reconstruir lo más posible este tejido femenino con otras mujeres (madres, vecinas, amigas..) es pura salud mental para la familia. Actualmente, además de la doula, tenemos opciones virtuales en los foros de internet donde se intercambian experiencias con madres, padres y profesionales sobre temas de crianza. Desde aquí, siguiendo la intuición y observando las necesidades y peculiaridades de cada niñ@, y con mucha paciencia, es como vamos escribiendo nuestras propias instrucciones para cada hij@. (www.crianzanatural.com; www.dandovida.org.)

Ansiedad y estrés

La ansiedad y el estrés se producen cuando el pensamiento va por delante o por detrás de la realidad: cuando damos vueltas a lo que ocurrió, a lo que puede que ocurra o a lo que podría ocurrir o haber ocurrido, descentrándonos del presente. De este modo la mente nos mantiene “capturados” llevándonos a situaciones emocionales que pueden resultar agradables en algún momento, pero a la larga, si el proceso no se detiene, genera falta de concentración, miedos, desasosiego, insomnio, tristeza, obsesiones y múltiples formas de desconexión de la realidad.

Funciona como una tuerca que se hubiera pasado de rosca y continuara dando vueltas sin agarrar nada, o como un caballo desbocado que nos arrastra fuera de control.


Cuando la mente se adueña de nuestra vida de este modo, sufrimos ansiedad o estrés.

¿Cómo se sale de este bucle? Mediante una práctica disciplinada hasta conseguir que la mente -el caballo- sea el vehículo que nos lleve a nuestro objetivo. Se trata de prácticas sencillas, al alcance de cualquiera, que requieren un entrenamiento consciente, siempre integrado en la vida diaria.

Ansiedad en los Mayores

La ansiedad en los mayores suele estar ligada a la incertidumbre e inseguridad que provoca el futuro. Especialmente cuando sus circunstancias vitales pueden verse modificadas, enfermedad, traslado a una residencia, empeoramiento en el estado de salud.

La ansiedad se considera un trastorno cuando el miedo es irracional con sensación de peligro y vivencia catastrófica. El cuadro se suele acompañar de sudoración fría, taquicardia, etc. En los mayores suele manifestarse como un estado de intranquilidad constante, irritabilidad, inquietud psicomotora, con dificultades para conciliar el sueño, pueden surgir episodios de angustia extrema, a acompañados de sensación de muerte.

El temor a padecer una enfermedad grave les lleva a demandar mucha atención médica, aunque la mayor parte de sus síntomas no corresponden a ninguna enfermedad orgánica.

La psicoterapia y las técnicas de relación pueden ser de gran ayuda.

Soledad

Existe una gran diferencia entre estar solos o sentirnos solos. Ser capaces de estar solos es necesario para conocernos, el conocimiento de uno mismo nos permite establecer una relación más profunda con nuestros semejantes. Aprender a estar sólo es importante para una relación saludable con los otros.

"La soledad es muy hermosa, cuando se tiene alguien a quien decírselo" Gustavo Adolfo Bécquer

Son muchas las circunstancias externas o internas que pueden contribuir a que experimentemos soledad: la historia biográfica, la propia personalidad, no compartir los valores o las expectativas de nuestro entorno, los cambios en nuestro ciclo vital (adolescencia, envejecimiento), la pérdida de personas emocionalmente importantes (separaciones, muerte de seres queridos), la modificación de circunstancias vitales (pérdida de empleo, enfermedad, cambios en el lugar de residencia).

En el mundo actual hay muchas personas que se sienten solas, por no disponer de compañía o, a pesar de disponer de ella, por percibir que las relaciones que establecen con los demás no son satisfactorias.

El sentimiento de  soledad es una experiencia interior, un vacío, provocado por la pérdida de contacto con nuestros semejantes o por la percepción de que las relaciones que mantenemos con las personas que nos rodean no son gratificantes. El sentimiento de soledad está ligado a la sensación de no formar parte de un grupo, de un proyecto, de no tener puntos de apoyo, de no ser importante para nadie. La inseguridad, los sentimientos de incomprensión nos pueden llevar a la tristeza, la depresión, las adicciones.

Cuando nos invade este sentimiento es importante pedir apoyo psicológico que nos ayude a relacionarnos de un modo distinto con nosotros mismos y a establecer un contacto afectivo profundo con los demás. Las relaciones sociales son importantes a cualquier edad, todos necesitamos salir de nosotros mismos, establecer relaciones de confianza, de intimidad, dar y recibir afecto y cubrir nuestras necesidades de pertenencia y desarrollo personal.

T.O.C y obsesiones

El trastorno obsesivo compulsivo es un trastorno de ansiedad que se caracteriza por la presencia de obsesiones y/o compulsiones recurrentes, es frecuente que ambas se den juntas y guarden una relación funcional. La persona las reconoce como excesivas o irracionales. Provocan malestar significativo, representan una pérdida de tiempo, o interfieren en las relaciones laborales o la vida social.

Las obsesiones son pensamientos, imágenes o impulsos recurrentes y persistentes que se experimentan como invasoras e inapropiadas y causan ansiedad o malestar significativo. No son simples preocupaciones de la vida real. A pesar de ser pensamientos involuntarios y desagradables la persona reconoce que son productos de su mente y suele intentar resistirlos o neutralizarlos mediante actos.

Las compulsiones a veces son acciones manifiestas y en ocasiones encubiertas como rituales cognitivos (contar, rezar, repetir palabras mentalmente). Se producen generalmente de forma estereotipada o siguiendo algunas reglas con el objetivo de reducir la ansiedad que generan las obsesiones. La conducta no es placentera ni útil, pero es ejecutada con el fin de reducir malestar o impedir algún daño anticipado. No hay conexión realista entre el peligro que se va a intentar evitar y la conducta, o bien es desmedida (lavarse 20 veces las manos).

Dentro de las obsesiones y compulsiones pueden distinguirse multitud de variaciones en función del tipo de idea y acción por ej. Rituales de limpieza por temor a padecer un contagio, rituales de repetición por temor a que ocurra una catástrofe, rituales de comprobación por miedo a producir daños por omisión, etc. En definitiva, se genera una ilusión de control sobre las consecuencias que hace que disminuya la ansiedad.

Las variaciones y los niveles de gravedad pueden ser distintos, pero la característica común son los altos niveles de ansiedad que padece la persona que los sufre, gran parte de las veces en soledad, ya que a menudo esconden su problema por el temor a las respuestas del entorno.

Dificultades de Comunicación y Relación

La comunicación es la base de las relaciones sociales. Si falla suelen fallar las relaciones. Un gesto, una mirada, una palabra pueden producir en nosotros una gran alegría o un inmenso dolor.

Comunicarnos con nuestros semejantes no suele ser tarea fácil. Nuestra historia biográfica, vivencias, la calidad de las relaciones que hemos establecido con anterioridad, las ideas aprendidas, inseguridades, temores… condicionan en gran medida la forma de entender el mundo, interior y exterior, y de relacionarnos con demás. Solemos proyectar en los demás lo que está dentro de nosotros y esto suele dificultar escuchar y ser escuchados, entender y ser entendidos.

Cuando nuestros deseos, necesidades, inquietudes tropiezan con las del otro, cuando nuestra forma de entender el mundo choca, cuando nos sentimos cuestionados o amenazados, cuando nos sentimos tan inseguros que no somos capaces de expresar lo que sentimos, surgen los problemas. Aparecen las exigencias, el ataque, la necesidad de autoformación, el aislamiento, la culpabilidad, el rencor…

Si una y otra vez se repiten en la relación con los demás las mismas dificultades es el momento de parar, preguntarse y comprender que tienen que ver con nosotros y tratar de resolverlas.

Dependencia emocional

La necesidad de vincularse con otros, es inherente a la condición humana y necesaria para nuestro desarrollo. Además, nadie es absolutamente independiente.

Depender etimológicamente es “colgar de”. Se trata entonces de una relación asimétrica en la sólo uno depende.

Lo que buscas está en ti Persio

¿Cuándo esta dependencia se convierte en patológica?

Cuando aquello de lo que dependemos, en lugar de darnos vida, parece ir en contra de nuestra propia vida: puede ser una sustancia, de una persona…

La dependencia emocional se basa en la creencia de que a otra persona tiene algo que yo necesito y se experimenta como una forma de prisión psíquica. Genera hostilidad, sentimientos de debilidad, baja autoestima o culpa.

Puede producirse en relaciones familiares, con padres, hijos o hermanos, o en «relaciones amorosas».

Estas últimas parecen perfectas durante un tiempo en que nos sentimos plenos y nos parece haber encontrado a alguien especial. Pero antes o después surge “el drama”: la sensación de no ser suficientemente amado o de sentirse agobiado y la tendencia a culpar al otro de la insatisfacción propia. Se producen entonces ciclos de “amor/odio”. La hostilidad se presenta cada vez con mayor intensidad y va ocupando cada vez más espacio en la relación.

Normalmente se produce un “reparto de papeles” en el que alguien se instala como “dominante”, quedando el otro como “dominado” pudiendo llegar a extremos dañinos para ambos. A veces a organizarse relaciones verdaderamente adictivas.

Cuando asoma la “locura” en la relación quiere decir que están saliendo a la luz lo que era inconsciente.

¿Cómo salir de esta situación? Asumiendo que el único sufrimiento posible, no proviene de lo que hace otro sino que se debe a mi propia vivencia/interpretación de lo ocurre. Reconociendo que la responsabilidad de ser feliz, es personal e intransferible y que todo lo que necesitamos para sentirnos bien, ya está dentro de nosotros. Sólo tenemos que despejar algunos obstáculos (por ejemplo la creencia de que alguien o algo es imprescindible en nuestra vida) para experimentar el bienestar.

Muchas veces se cambia de pareja creyendo que con otra será diferente, cuando realmente es una huida de resolver nuestra propia locura.

Esta transformación está al alcance de cualquier persona, siempre que lo quiera realmente y que se ponga a trabajar en esa dirección. A veces, la ayuda de alguien que haya transitado por este proceso, nos marca el camino para fortalecernos y responsabilizarnos de nuestra vida.

Sólo podremos sentirnos bien con los demás en la medida en que nos sintamos bien con nosotros mismos. Ese es el único cambio real. Y cuando esto se produce, lo de alrededor cambia naturalmente, sin dramas.

Pérdidas de seres queridos

Perder a un ser querido es una experiencia dura y dolorosa en cualquier momento de la vida. Cuando se es mayor, además, las pérdidas personales son más frecuentes y contínuas que en otras etapas. Se pierden familiares, amigos, vecinos…, con repercusiones tanto a nivel afectivo como emocional; creando vacíos afectivos, rememorando pérdidas anteriores, tomando conciencia de la proximidad de la propia muerte y reduciendo su círculo de relaciones sociales. Modifica, en muchas ocasiones, su modo de vida: aprender a vivir solo, trasladarse a vivir a una residencia…, cambios radicales en un momento de la vida en que se dispone de menos fuerzas y energía.

Por otro lado, suele ser difícil para ellos encontrar un lugar en el que poder hablar de los sentimientos que generan estas experiencias. Aunque exista apoyo familiar, a veces callan por temor a entristecer a los familiares, por no querer ser una carga, por creer que no tienen derecho, por culpabilidad…

Sin embargo, es importante sentirse acompañado en estas experiencias y poder expresar sus sentimientos, necesidades e inquietudes.


Son situaciones difíciles y en muchas ocasiones, es necesario el acompañamiento y apoyo psicológico para ayudar a afrontar las pérdidas y tratar de superarlas.

Problemas de memoria

Una de las quejas más frecuentes en las personas mayores son los problemas de memoria. Varios estudios reflejan que, en este colectivo, los olvidos provocan un sentimiento de pérdida de control sobre el propio comportamiento y una inmediata atribución a la edad, lo que repercute en una peor ejecución de la memoria.

Es cierto que con la edad algunos aspectos de la memoria se deterioran pero también que el ser humano se caracteriza por una gran plasticidad que le acompaña a lo largo de toda su vida y que existen capacidades de reserva para el aprendizaje y el cambio.

Es necesario conocer las causas de los problemas de memoria para realizar una intervención adecuada. En algunos casos, pueden estar relacionas con procesos degenerativos o con otro tipo de enfermedades que se manifiestan con alteraciones de memoria. Otra gran parte de los problemas de memoria en los mayores tienen su origen: en problemas cognitivos que pueden compensarse, en problemas afectivos o motivacionales, o en la falta de oportunidades para ejercitar y mantener nuestras habilidades.

Para ello, ofrecemos programas de memoria, tanto a nivel individual como grupal, que ayudan a mejorar las capacidades y a prevenir posibles deterioros.

Alzheimer y otras demencias

En los últimos años las demencias se han convertido en un problema sociosanitario de gran relevancia. En la actualidad la causa más frecuente de demencia es la Enfermedad de Alzheimer. Convivir con una persona aquejada de una demencia supone hacer frente a una problemática compleja, en la que ocupa un lugar importante: aprender a comprender y manejar las modificaciones del comportamiento y el humor de la persona afectada, y cuidar y mejorar la comunicación con ella. A menudo los síntomas psicológicos y conductuales que suelen aparecer en las personas que se ven afectadas por una demencia, constituyen una gran carga tanto para los cuidadores profesionales como para las familias.

Ofrecemos asesoramiento, orientación, apoyo y atención a las familias, a los cuidadores profesionales, y atención psicológica y estimulación cognitiva a los mayores en las primeras fases de la enfermedad.

Adopción

La adopción es un recurso de protección para los niños y niñas que no pueden permanecer en su propia familia. Conlleva aspectos psicológicos, afectivos, sociales y legales. Y requiere información, preparación y recursos.

Adoptar un niño/a es un paso muy importante que modificará la vida del niño/a y de toda la familia, requiere entre otras cosas, una importante reflexión.

Ofrecemos orientación, asesoramiento y apoyo a familias, en los primeros momentos del proceso, tras la llegada del niño/a para la integración del menor a la familia, y en su posterior desarrollo para la evolución favorable de todo el grupo familiar.

Nuestro centro cuenta, también, con profesionales capacitados para la realización de INFORMES PSICOLÓGICOS DE VALORACIÓN Y SEGUIMIENTO, con amplia experiencia en el ámbito de la adopción, pertenecientes al TIP-AI (Turno de Intervención Profesional para Adopción Internacional).